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Cómo se repartirán las funciones del móvil entre nuevos dispositivos

Cómo se repartirán las funciones del móvil entre nuevos dispositivos

¿Qué opciones podrían reemplazar a los teléfonos inteligentes?

El teléfono móvil reúne funciones que antes requerían varios aparatos: comunicarse, orientarse, pagar, consultar información y guardar recuerdos. Por eso es improbable que desaparezca por culpa de un único invento. Es más plausible que esas tareas se repartan entre dispositivos que llevemos puestos y servicios presentes en nuestro entorno. Estas son diez tecnologías con potencial para reducir, o incluso eliminar en ciertos casos, la necesidad de usar un móvil.

1. Gafas de realidad aumentada

Las gafas de realidad aumentada tienen la capacidad de proyectar notificaciones, traducciones o guías directamente en el campo visual del usuario. Al recorrer un entorno urbano desconocido, por citar un caso, estos dispositivos señalarían el camino correcto sin necesidad de desviar la atención hacia un teléfono móvil. Asimismo, harían posible la gestión de llamadas y la búsqueda de datos a través de comandos de voz o sencillos gestos.

Su ventaja es mantener las manos libres. Para sustituir al móvil, sin embargo, deberán ser cómodas durante horas, ofrecer suficiente autonomía y funcionar bien tanto bajo el sol como en interiores. Las cámaras y la información visible para quien las lleva también plantean cuestiones de privacidad para las personas cercanas.

2. Lentes de contacto inteligentes

Las lentillas inteligentes buscan ofrecer una vivencia todavía más imperceptible: mostrar información directamente en el campo visual sin necesidad de usar gafas. Entre sus aplicaciones potenciales figuran las advertencias, los avisos de navegación y ciertos apoyos para la vista.

Es una de las opciones más lejanas. Integrar alimentación eléctrica, comunicación y presentación de imágenes en una lente segura resulta especialmente difícil. Además de funcionar, tendría que ser cómoda, higiénica y apta para un uso prolongado. Por ahora, conviene distinguir su potencial de los productos que una persona puede comprar y utilizar a diario.

3. Auriculares con asistentes de voz

Unos auriculares capaces de entender instrucciones pueden resolver muchas consultas sin pantalla: dictar un mensaje, escuchar una respuesta, recibir indicaciones o traducir una conversación. Resultan especialmente útiles mientras se camina, se cocina o se realizan tareas manuales.

Para sustituir más funciones del móvil, se requeriría una excelente comprensión de voz en entornos ruidosos, además de posibilitar comunicaciones autónomas. Igualmente, resulta indispensable contar con un método sutil para validar gestos delicados; al fin y al cabo, no sería sensato aprobar una transacción o revelar información confidencial simplemente basándose en que el aparato haya decodificado una oración.

4. Relojes inteligentes autónomos

El reloj ya puede concentrar varias tareas cotidianas: llamadas, mensajes breves, pagos, billetes digitales, navegación y seguimiento de la actividad física. Los modelos con conexión propia permiten hacer algunas de ellas sin tener el teléfono cerca. En una salida a correr o un trayecto corto, para ciertas personas, el móvil puede quedarse en casa.

Su principal límite es el tamaño. Una pantalla pequeña sirve para consultar y responder rápidamente, pero resulta incómoda para leer documentos extensos, editar fotografías o completar formularios. La autonomía también depende de cuánto se utilicen la conexión y las funciones de seguimiento.

5. Anillos inteligentes

Un anillo es capaz de actuar como identificador personal y a la vez como monitor de bienestar. Vinculado a plataformas aptas, este dispositivo facilitaría la apertura de puertas, la autorización de entradas o la validación de transacciones a través de un simple movimiento. Gracias a sus dimensiones reducidas, resulta muy cómodo de portar en el día a día sin molestar en ninguna rutina.

No obstante, carece del espacio necesario para mostrar información compleja o escribir mensajes. Su papel más probable es sustituir funciones concretas del móvil, sobre todo la identificación y ciertas comprobaciones, en lugar de convertirse por sí solo en un centro de comunicación.

6. Ropa y parches inteligentes

Prendas, parches o pulseras flexibles pueden incorporar sensores y avisos táctiles. Una chaqueta podría indicar un cambio de dirección con una vibración en un lado; un parche podría registrar determinadas señales corporales y avisar de un cambio relevante.

Estas tecnologías pueden resultar valiosas en actividades deportivas, trabajos que exigen tener las manos libres o situaciones en las que mirar una pantalla supone una distracción. Para extenderse necesitarán ser resistentes, fáciles de limpiar y cómodas. También deberán explicar con claridad qué datos recogen, quién puede consultarlos y durante cuánto tiempo se conservan.

7. Asistentes integrados en los espacios

Una vivienda, un despacho o un coche brindan conectividad y acceso a distintas prestaciones a través de altavoces, pantallas compartidas y micrófonos. Al cruzar el umbral del hogar, cualquier individuo tiene la posibilidad de continuar una llamada, revisar su calendario o enterarse de un aviso prescindiendo de sacar teléfono alguno del bolsillo.

Este modelo reduce la dependencia del móvil dentro de espacios preparados, pero plantea una pregunta esencial: ¿cómo sabe el sistema con quién está hablando? Reconocer a cada usuario, respetar a los visitantes y evitar escuchas indebidas requiere controles sólidos. Además, una persona debe poder decidir cuándo el entorno permanece en silencio.

8. Interfaces entre el cerebro y los dispositivos

Estas interfaces aspiran a transformar ciertas señales cerebrales en instrucciones destinadas a un aparato. Ya se indaga en ellas con propósitos clínicos, sobre todo para asistir a quienes padecen severas dificultades de movimiento en su comunicación o en la gestión de herramientas digitales. Su ventaja potencial en materia de accesibilidad resulta notable.

Eso no significa que vayan a reemplazar pronto el teléfono de uso general. La precisión, la seguridad, el coste y, en algunos casos, los procedimientos médicos son obstáculos importantes. Los datos relacionados con la actividad cerebral exigen, además, una protección especialmente estricta.

9. Proyectores portátiles interactivos

Un aparato compacto tendría la capacidad de proyectar una imagen en una pared o sobre una mesa, posibilitando su control a través de gestos. De este modo, brindaría un área de lectura más amplia que la propia de un reloj, sin necesidad de portar permanentemente un visor de grandes dimensiones. Dicha tecnología resultaría sumamente práctica para examinar fotografías, consultar mapas o trabajar conjuntamente con otros individuos.

Su efectividad varía según el entorno: un terreno desnivelado, el brillo excesivo del sol o la carencia de intimidad complican su manejo. Por esta razón, se antoja más factible que reemplace al teléfono inteligente en situaciones puntuales en lugar de a lo largo de toda la jornada.

10. Dispositivos personales sin pantalla

Los dispositivos de bolsillo o los colgantes con micrófono, altavoz y conexión propia proponen otra alternativa: acceder a un asistente digital sin abrir aplicaciones ni mirar una pantalla. Una persona podría pedir que organice una cita, resuma una notificación o inicie una llamada.

La idea resulta atractiva por su sencillez, pero debe demostrar que resuelve esas tareas con fiabilidad. Cuando una petición es ambigua, el usuario necesita poder revisar qué entendió el dispositivo y corregirlo. La autonomía, la protección de las conversaciones y su utilidad cuando falla la conexión serán decisivas.

Un mañana con menor uso de pantallas, no necesariamente desconectados del móvil

Ninguna de estas tecnologías domina hoy todas las funciones del teléfono. La sustitución más creíble sería gradual: unas gafas para orientarse, un reloj para pagar, auriculares para comunicarse y servicios del entorno para tareas más largas. Su éxito no dependerá solo de la novedad, sino de que funcionen juntas, sean accesibles y permitan conservar el control sobre los datos personales. El cambio más profundo quizá no sea dejar de tener un móvil, sino dejar de necesitarlo para cada pequeña acción del día.

Por Bruno Saldívar

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